«Ponerse la camiseta» puede ser una expresión positiva de compromiso: cuidar una meta compartida, aportar ideas o estar disponible ante una situación excepcional. El problema aparece cuando la excepción se vuelve la forma cotidiana de funcionar.
Responder mensajes en horarios de descanso, quedarse sistemáticamente después de la jornada o absorber tareas que no corresponden pueden terminar interpretándose como señales de mayor compromiso. Ese aprendizaje cultural tiene consecuencias, incluso cuando nadie lo ha escrito en una política.
El compromiso no debería depender de estar disponible todo el tiempo.
La cultura también se expresa en lo que se premia
Una organización puede declarar que cuida a las personas y, al mismo tiempo, reconocer a quienes siempre responden fuera de horario. Esa contradicción dificulta construir confianza y límites saludables.
Desde nuestro Modelo de Salud Organizacional, mirar estas prácticas supone analizar la distribución real de las cargas, la coherencia entre valores y decisiones, y la oportunidad de sostener conversaciones que se han pospuesto.
Una acción posible esta semana
- Observa qué conductas de disponibilidad se agradecen o se celebran en la práctica.
- Distingue urgencias genuinas de hábitos organizacionales que podrían rediseñarse.
- Ajusta una regla de coordinación —por ejemplo, expectativas de respuesta— y asegúrate de que quienes lideran la modelen.
No se trata de reducir el sentido de pertenencia. Se trata de que el compromiso sea compatible con un desempeño sostenible y con el cuidado de las personas.

